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power skills, la evolución natural y deseada de las soft skills

Las power skills son la evolución natural de las soft skills hasta el punto de que, si en mi anterior artículo defendía que las soft skills solo adquieren valor cuando producen resultados reales, las power skills representan precisamente ese salto: cuando la habilidad deja de ser blanda, difusa o aspiracional y pasa a convertirse en un elemento funcional, medible, generador de impacto y de resultados.

Este concepto comenzó a utilizarse para corregir un error de origen, dado que soft podría sugerir debilidad, falta de importancia o una categoría menor frente a las habilidades técnicas. Ante esta posibilidad, Josh Bersin, estudioso, analista, autor, educador y líder de opinión norteamericano especializado en el entorno laboral, de los recursos humanos y el liderazgo, determinó que estas habilidades no solo no eran blandas, sino que eran las más difíciles de adquirir, las más críticas para la empleabilidad y las que más influyen en el desempeño, especialmente en entornos donde la tecnología automatiza lo repetitivo y deja a lo humano lo esencial.

En este contexto definiremos las power skills como  el «conjunto de habilidades conductuales y cognitivas medibles, adquiribles y entrenables, aplicables a cualquier rol, cargo o función, que potencian el rendimiento individual y colectivo en entornos de cambio y volatilidad (VUCA), tanto en trabajos multidisciplinares como interdisciplinares«.

Estas habilidades asociadas al comportamiento humano que se centran en lo funcional, operativo, medible y orientado a resultados se convierten en un activo estratégico. Las habilidades necesarias para un desempeño óptimo no dependen de herramientas, sino de personas, no pueden automatizarse y actúan como un acelerador constatable de la productividad, la innovación y la capacidad adaptativa de una organización.

Qué pueden aportar (solo si producen impacto real)

Cuando una habilidad personal se expresa como una conducta orientada al desempeño y es posible medir su contribución al proceso, al rol y al resultado, se convierte en una power skill y para que ello ocurra deben darse los siguientes factores determinantes:

  • Comunicación efectiva

Debe estar basada en la claridad, la coherencia, la reducción de errores, debe estar coordinada y estandarizada con sus canales y generar menos fricciones.

  • Adaptabilidad

Debe ser capaz de incorporar los cambios necesarios, ajustar conductas y poner el foco en los objetivos marcados, que a su vez deben estar alineados con la estrategia empresarial.

  • Pensamiento crítico

Requiere la toma de decisiones fundamentadas, analizadas, donde no cabe la improvisación ni las falsas creencias, basadas en criterios analíticos y en el know how individual y colectivo.

  • Resolución de problemas complejos

Implica una autonomía real y la reducción de escalados innecesarios, apostando por soluciones viables y medibles, así como la mejora de la operativa.

  • Inteligencia emocional

Es preciso tener la habilidad para reconocer, comprender, gestionar y utilizar nuestras propias emociones y las de los demás, lo que se traducirá en una menor conflictividad, mejor gestión del estrés, mayor empatía, entornos de trabajo más estables y mejor clima laboral.

Estas habilidades tangibles y medibles actúan como multiplicadoras del rendimiento cuando se integran en roles y procesos y se pueden observar, evaluar y mejorar, y su carencia se evidencia en la calidad del trabajo, en la gestión y en los resultados.

Qué beneficios pueden generar (solo si se integran estratégicamente)

Las organizaciones que adoptan power skills como parte de su modelo de gestión experimentan mejoras significativas: mayor autonomía del equipo, liderazgo líquido, mejora de la experiencia del cliente, menor rotación, reducción del absentismo laboral, decisiones más maduras y procesos más fluidos, con menor margen de error. Son, en esencia, empresas líquidas, aquellas que se adaptan con facilidad a los cambios constantes de su entorno, que se preparan con antelación para dar respuesta a contextos cuyas condiciones se ven alteradas, que se autorregulan y se adaptan sin esperar a que se consoliden los conocimientos y hábitos asociados a dichas condiciones, y que en definitiva saben convivir con la diversidad y acomodarse a los cambios.

Pero esto no ocurre de manera espontánea. Igual que en las soft skills, si no se incorporan de manera estructurada, contextualizada y medible, las power skills se diluyen en discursos inspiracionales sin efecto práctico y pueden quedar en «agua de borrajas». Su valor aparece únicamente cuando se convierten en comportamientos funcionales que mejoran la eficacia operativa y los resultados globales, sin perder el alineamiento con los objetivos estratégicos de la empresa.

Estas habilidades son efectivas cuando se introducen, desarrollan y conviven en tres niveles esenciales:

  • Integradas en el proceso

Deben formar parte de la operativa diaria: comunicación, liderazgo, toma de decisiones, servicio y coordinación interdepartamental.

  • Adaptadas al rol

Cada puesto requiere habilidades diferentes, por ello deben estar contempladas en la Definición de Puestos de Trabajo (DPT) y vinculadas a responsabilidades específicas.

  • Medibles

Deben poder medirse. Sin indicadores, su impacto no existe. Lo que no se mide no puede demostrarse ni mejorarse.

Las power skills representan el paso natural y necesario más allá de las soft skills. Son la prueba de que las habilidades personales y colectivas en el entorno empresarial solo tienen valor cuando generan impacto. Cuando la comunicación reduce errores, cuando la adaptabilidad acelera la ejecución, cuando la gestión emocional disminuye conflictos, cuando el pensamiento crítico mejora decisiones y resultados,… entonces deja de ser soft para convertirse en power.

Las power skills son, en definitiva, habilidades humanas transformadas en ventaja competitiva.

Imagen: Momo Marrero

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