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tambor del llano, un hotel experiencial

Hace algunas semanas hablaba con un grupo de profesionales del sector hotelero sobre los destinos experienciales y su significado. Les explicaba la importancia de que la experiencia se convirtiera en el motivo esencial del viaje; que más allá del entorno o de los recursos con los que cuenta el destino, es la experiencia la que determina el éxito o el declive, pues el cliente busca una relación emocional con el lugar, con sus colores, sus olores, sus sonidos y especialmente con sus personas. Busca experiencias que aniden en su corazón y que formen parte de su patrimonio emocional. Experiencias que le enriquezcan, que le emocionen, que le permitan disfrutar, que le cautiven, que pueda recordar y contar y, sobre todo, que le enamoren.

Resulta curioso, pero al día siguiente recibí un email de Carmen Bueno, reputada profesional a nivel internacional en el ámbito del diseño conceptual y en la gestión de proyectos, en el que me decía: “acabo de abrir un alojamiento turístico en pleno corazón de la Sierra de Grazalema, en un bosque de alcornoques en la Sierra de Grazalema, provincia de Cádiz; es un proyecto basado en intuiciones y gustos de los socios que lo hemos llevado a cabo, sin  demasiados estudios de viabilidad previos; abrimos hace un par de semanas y estamos teniendo una acogida estupenda, mucho más de la esperada en lo que consideramos aún “modo beta” de la operación. Aunque cuando leo todas tus recomendaciones de gestión me entran escalofríos de pensar lo pardillos que somos en esto.” (¡Perdóname, Carmen, por la transcripción de una parte del contenido de tu email!).

Resulta obvio que en cuanto tuve la oportunidad visité la página web de Tambor del Llano y descubrí un proyecto absolutamente fascinante en el que el establecimiento es el medio y el aprendizaje y disfrute en el entorno natural es el fin. Me encontré con unas magnificas imágenes que trasportan un cuidado y evocador entorno, pleno de naturaleza virgen, en el que se convive de forma armoniosa con la flora y la fauna y donde las estrellas duermen entre tus manos, en una ruta de inmaculados pueblos blanquecinos.

Me llamó poderosamente la atención lo que entiendo que ha de ser su propuesta de valor por la amplitud de su contenido y especialmente por la convicción que transmite, que definen como “la combinación de vacaciones, naturaleza y la oportunidad de aprender o iniciarte de forma práctica y lúdica en temas como la ornitología, la astronomía, la naturaleza, la fotografía, la micología, la gastronomía, el turismo ecuestre, el senderismo, o simplemente para el descanso en un espacio natural excepcional“.

Me subyugó la pureza del edificio y la riqueza conceptual de su contenido, libre de todo artificio para que el medio natural, el gran contenedor de la propuesta, no pierda un ápice de importancia. Me fascinó la amplitud y la variedad de su propuesta de actividades (12 rutas botánicas, ruta del corcho, ruta de los pueblos blancos, ruta enológica, avistamiento de aves, microbiología, fotografía del entorno natural con guía, yoga, noches de astronomía – disponen de la certificación Starlight que emite el Instituto Astrofísico de Canarias -, y cinco prácticas deportivas en la naturaleza). Y me sorprendieron gratamente las distintas opciones de cursos y su granja ecológica.

En definitiva, si alguien quiere disfrutar de una grata experiencia vacacional en un entorno natural en el que poder alternar el descanso y la actividad al aire libre, la Sierra de Grazalema es una buena opción y sin duda Tambor del Llano ha de ser la elección.

tambor del llano noche


 

Imagen: Ramón Jiménez

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