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la toma de decisiones en el entorno empresarial

La toma de decisiones es uno de los factores clave en la gestión y en el devenir de las empresas. No pocas veces se piensa que los directivos y ejecutivos de las empresas toman las decisiones de forma impulsiva, a golpe de corazonada, y que detrás de ellas no hay una estrategia desarrollada y unos objetivos marcados.

Lo cierto es que no todas las personas están capacitadas o dispuestas a tomar la última decisión, aquella que lleva aparejado el futuro de la empresa o de los individuos; aquella en la que la empresa no solo asume un gran reto, sino en la que también invierte una importante cantidad de recursos humanos y materiales; aquella con la que incluso se juega la reputación ajena y la propia.

En las decisiones empresariales no solo se tienen en cuenta las circunstancias internas y externas de la corporación, del mercado, de los competidores o de la economía, también influye la cultura de la empresa, el estilo de gestión y liderazgo, el know how, la inteligencia de negocio (business intelligence), la inteligencia de cliente (customer intelligence), la experiencia acumulada y la capacidad de respuesta ante posibles contingencias negativas.

Cualquier decisión ha de estar avalada por el análisis pormenorizado de la información y de los datos de los que disponemos, para lo que debemos hacer un análisis detallado y exhaustivo de ellos.

Algunas estrategias, no excluyentes entre sí, que se siguen para la toma de decisiones en el entorno empresarial son las siguientes:

  • La perspectiva general

Es aquella donde el planteamiento no corresponde con la inmediatez, sino que se proyecta la decisión y sus consecuencias a medio o largo plazo. Para ello se analizan todos los factores internos y externos que inciden directa e indirectamente en ella y los recursos humanos y materiales con los que se cuenta, así como los que se van a requerir. Toda decisión ha de estar avalada con datos y con cierta dosis de corazón e intuición; asumiendo riesgos, pero minimizando las consecuencias.

  • Consultar a colaboradores o asesores

Aun a sabiendas de que la responsabilidad sobre la decisión final es y ha de ser de quien la toma, requerir la opinión y los informes de personas de confianza o profesionales cualificados contratados es una opción muy recurrente, pues aporta una visión más amplia e incluso divergente que puede enriquecer nuestras opciones.

  • Consultar a los que disienten

Escuchar a las personas que disienten desde la convicción y la argumentación es un sano ejercicio que aminora el margen de error y permite enriquecer la decisión final.

Es importante que, ante cualquier decisión, especialmente ante las estratégicas, tengamos una válvula de escape o un “plan B” que nos permita dar respuesta a cualquier contingencia o variable posible, por nimia que sea.

De la misma manera, hemos de tener siempre presente que la mejor decisión, aun siendo personal, se toma en equipo y con consenso.

Imagen: Momo Marrero

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